Ha muerto una estrella

En 1989, Michael Jackson pidió que lo dejarán en paz. Y lo hizo como sabía, con una canción. En el videoclip del tema ‘Leave me alone’ se burlaba, en un gesto de gran inteligencia por su parte, de todas las estupideces que se decían sobre él: dormía en una burbuja para mantenerse joven, hacía vudú a Spielberg, quiso comprar el esqueleto del llamado ‘hombre elefante’ y, para colmo de males, se había casado con un alienígena.

Sin ir más lejos, en este momento se habla de una conspiración de Al Qaeda para matar a Jackson. Qué mundo.

Anoche, Twitter se vino abajo con la noticia de la muerte de Michael Jackson. Fue realmente escalofriante, los medios no se atrevían a confirmar la noticia que daba en exclusiva el portal de TMZ, con la honrosa expceción del LA Times. En espera de que CNN confirmase de forma independiente la información, escribíamos en Meneame y veíamos un video sin sonido en la web de la citada cadena. En las imágenes, la policia acordonaba el hospital mientras los fans corrían a reunirse en un parque cercano.

Hoy se dice que Michael Jackson, como artista, es incuestionable; como persona, discutible. A partir de aquí, muchos sienten indignación por cómo lloramos la perdida del rey en contraste con la muerte de personalidades como Vicente Ferrer. Creo que es una comparación injusta; primero, porque siempre hay un pez más grande, pero ello no quita dignidad al más pequeño; segundo, porque estamos hablando de un hombre que se vio obligado a sacrificar una vida normal, una infancia, adolescencia y vida adulta para compartir con el mundo entero la magia de su talento. Sus canciones hacen feliz a la gente, ¿no merece un hombre un homenaje por ello? Revolucionó el mundo de la música, esta clase de cultura que nos cambia y nos empuja, que nos acompaña en nuestras vidas. Abrió las puertas a la música negra a la no tan transgresora MTV y tiene el record Guinness de participación en obras benéficas.

Y en tercer lugar, se están ignorando las luces en favor a unas sombras muy discutibles.

Jackson tuvo muchos enemigos en su vida. Desde un padre que le sacaba al escenario a base de golpes a una camarilla de ejecutivos dispuestos a aprovecharse de su ingenuidad para sacarle hasta el último centavo. Pero su mayor adversario fue él mismo. Era, al fin y al cabo, un enfermo al que nadie ayudó de la manera adecuada. Su vitiligio fue un arma que se volvió contra sí mismo y su delicado estado psicológico no mejoró cuando todo el mundo comenzó a señalarlo como un depravado. Ni siquiera la declaración de inocencia de la justicia americana pudo arreglar eso. Los más grandes despiertan tanta admiración como odio, y en este mundo, por desgracia, tenemos el problema de que hay más gente mala que buena.

Por todo, Michael Jackson es ya una figura clave, legendaria e intemporal de la historia de la música humana.  El hombre que nos mostró cómo expresar la música con el cuerpo y no con la voz, aquel que nos enseñó cómo caminar sobre la luna.

¡Fuerza y honor!

1 Comentario to “Ha muerto una estrella”

  1. BlackCat

    on June 26 2009

    Muy bien escrito Baza, de lo mejor que he leído hoy sobre Michael, porque he leído cosas que me han dado hasta arcadas.
    Cuando hoy me he levantado y he visto la noticia, de veras que no podía creerlo, justo ahora que iba volver a subirse a un escenario.
    Puede que no estuviera en su mejor momento, pero pasará a la historia de la música por su gran carrera.
    Lo malo es que ahora todo harán leña del árbol caído…
    Bss!

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Sobre mí

Nací en 1981 en Málaga y actualmente resido en el Eixample de Barcelona. Tras licenciarme en Ciencias de la Comunicación recibí clases en la escuela de escritura Paréntesis, tras lo cual rescaté el guión de un cortometraje inconcluso para escribir Astralis, mi primera novela.